El amor cristiano: una vocación que se construye cada día
Este pasado 14 de febrero celebramos en la parroquia de San Félix de Nigrán la Eucaristía por los novios y recién casados, en el marco de la memoria de San Valentín, seguida de un coloquio en el Pazo Rectoral.

Este San Valentín, un día que muchas veces se asocia únicamente a lo comercial o a gestos románticos superficiales, quisimos redescubrir el verdadero sentido cristiano del amor: un amor que no se reduce al sentimiento, sino que es decisión, entrega y fidelidad.
San Valentín: testigo del amor fiel
La tradición recuerda a San Valentín como un sacerdote que, en tiempos de persecución, bendecía matrimonios cristianos. Su testimonio nos habla de un amor valiente, comprometido y abierto a Dios. No celebramos una idea romántica del amor, sino el amor que permanece, que sabe atravesar dificultades y crecer con el paso del tiempo.
Amar, desde la fe, es asumir que el amor humano necesita apoyarse en una roca firme. No basta la emoción del comienzo: hace falta paciencia, perdón, diálogo y la gracia de Dios.
“Que vuestro sí sea sí”
El Evangelio proclamado ese día —Lectura del santo Evangelio según san Mateo (5, 17-37)— nos recordaba palabras muy exigentes de Jesús, especialmente aquella invitación clara:
«Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»
En un contexto en el que todo parece provisional, el Evangelio nos propone la coherencia y la verdad del corazón. El amor cristiano no juega con promesas vacías: aprende a sostener la palabra dada, a cuidar el compromiso y a vivir con autenticidad.
El Señor no rebaja el ideal; lo eleva. Pero no lo hace para aplastar, sino para enseñar que el amor verdadero se construye desde dentro, desde un corazón reconciliado y limpio.
Un encuentro sencillo
Tres parejas jóvenes quisieron acompañarnos en esta celebración. Tras la Eucaristía, en el Pazo Rectoral, compartimos un coloquio cercano.
Dos matrimonios con más camino recorrido ofrecieron su testimonio. No hablaron de teorías, sino de vida real: de cómo una vida apoyada en el amor cristiano ayuda a superar las pequeñas dificultades del día a día; de la importancia de rezar juntos, de aprender a escucharse, de pedir perdón y de volver a empezar.
Se habló con naturalidad de los retos cotidianos, de las diferencias de carácter, del cansancio o las tensiones normales que pueden surgir. Y también de algo esencial: cuando el amor se vive como vocación y no solo como emoción, las dificultades no separan, sino que pueden fortalecer.
La Iglesia acompaña el comienzo
Aunque el grupo fue pequeño, el encuentro fue profundo. La parroquia quiere ser un hogar donde los novios y matrimonios recientes se sientan acompañados, escuchados y sostenidos.
El amor cristiano no es perfecto desde el primer día; es un camino. Y como todo camino, necesita apoyo, comunidad y gracia.
Pedimos al Señor que bendiga a quienes participaron y a todos los novios y matrimonios de nuestras parroquias, para que su “sí” cotidiano, renovado en lo pequeño, sea signo de esperanza en medio del mundo.
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