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Clausura de la Semana Bíblica Parroquial: iniciar un camino con la Palabra

La Semana Bíblica Parroquial llega a su fin dejando una huella discreta pero profunda: la certeza de que la Palabra de Dios, cuando se escucha con el corazón, ilumina la vida cotidiana y abre caminos nuevos de fe.

Clausura de la Semana Bíblica Parroquial: iniciar un camino con la Palabra

Hemos compartido la Semana Bíblica Parroquial. Era la primera, y quizá por eso ha sido especialmente significativa. No tanto por lo cuantitativo, sino porque nos ha ayudado a comprender mejor lo que el Papa Francisco pretendía al instituir el Domingo de la Palabra de Dios, celebrado el III Domingo del Tiempo Ordinario.

Un Domingo que, unido al Corpus Christi, nos invita a redescubrir y valorar la doble mesa que alimenta la vida cristiana: la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía. Dos mesas inseparables, de las que vive la Iglesia.

Gestos sencillos, con sentido profundo

Desde esta clave, a lo largo de la semana se han propuesto gestos concretos y accesibles para todos:

  • Animar a los padrinos a regalar Biblias a sus ahijados, como un don que acompaña el crecimiento en la fe.

  • Invitar a que todos tengamos una Biblia, para bendecirla en el Domingo de la Palabra y usarla como lámpara para nuestros pasos.

  • Motivar a familias y amigos a abrir sus hogares, compartiendo una lectura espiritual y orada de la Palabra, siguiendo el método de la lectio divina. Esta fue la llamada especial del martes: llevar la Palabra a las casas.

Escuchar cómo la Palabra transforma

Durante la semana también se ofrecieron espacios para profundizar y tomar conciencia del poder transformador de la Palabra:

  • Las charlas del lunes y miércoles en Nigrán, y del miércoles y viernes en Camos, nos ayudaron a detenernos para escuchar el eco y la transformación que se produce en una persona cuando se fía de este mensaje salvador.

  • En ellas se subrayó también la importancia de suscitar en nuestras celebraciones una auténtica “cantera de lectores”:
    lectores voluntarios que se ofrecen, antes de que se les pida, y que se reconocen servidores y no dueños de la Palabra.
    Porque lo que se proclama no es nuestro, pero cuando se acoge con fe, se hace vida en nosotros.

Orar y dejarnos habitar por la Palabra

El jueves celebramos la Hora Santa, en el clima de oración de costumbre, pero dejando que el silencio fuera interrumpido por textos bíblicos que alimentaban la Presencia del Señor ante nuestra presencia.

El sábado, la Palabra volvió a ocupar el centro en el retiro espiritual, compartido en doble tanda en el oratorio de la casa rectoral. Un tiempo para escuchar, orar y dejarnos acompañar por Dios sin prisas.

Un final que abre camino

Como culmen de la semana, el Domingo 1 de febrero, reunión de los padres de catequesis de nuestros niños y niñas, que repartieron los “rollitos de frases bíblicas”. Palabras sencillas que muchos han recibido como adecuadas al momento oportuno, y que en algún caso incluso han provocado el deseo de acercarse al sacramento de la reconciliación, para experimentar que la misericordia de Jesús es verdadera.

Gratitud y esperanza

Damos gracias a Dios por tantas colaboraciones, por los gestos silenciosos y por la disponibilidad generosa de muchas personas. Como se ha podido percibir a lo largo de estos días:

El Espíritu de Dios se mueve aquí.

Esta primera Semana Bíblica Parroquial no ha sido un punto de llegada, sino un inicio. Un paso más para que la Palabra de Dios encuentre un lugar vivo en nuestras parroquias, en nuestros hogares y en la vida concreta de cada día.