Bendición de los niños bautizados: sembrar comunidad, agradecer la fe compartida
El primer domingo después de la Candelaria celebramos la Bendición de los niños bautizados, un encuentro que nos invita a seguir sembrando comunidad, agradecer la fe transmitida con fidelidad y confiar en que Dios no se olvida de ninguno de sus hijos.

El primer domingo después de la fiesta de la Candelaria celebramos en nuestras parroquias de Nigrán y Camos la Bendición de los niños bautizados en 2025, recordando aquel momento profundo de la Sagrada Familia que, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, lo presentó en el Templo para dar gracias a Dios por el don de la vida.
Este año, la celebración nos regaló una experiencia humilde, sí, pero muy significativa. En Camos, participaron dos niños llevados por sus abuelos, y en Nigrán, un niño que vino expresamente desde Madrid para compartir este momento con la comunidad parroquial.
Más allá de los números, la jornada fue una invitación a mirar con gratitud y esperanza la realidad que vivimos y a seguir trabajando, con paciencia y constancia, por hacer comunidad.
El papel silencioso y fiel de los abuelos
De manera especial, queremos agradecer la presencia de los abuelos, que una vez más se mostraron como ese hilo discreto pero firme que une a muchas familias con la Iglesia. En ellos se encarna una fe transmitida con gestos sencillos, con perseverancia, con cariño… una fe que sostiene, acompaña y ¡no se rinde!
Su presencia nos recuerda que la transmisión de la fe no siempre sigue caminos evidentes, pero sí raíces profundas.
Testimonios que llegan “desde fuera”
También fue muy significativo el testimonio de quienes, aún viviendo lejos, quisieron acercarse para compartir este momento. A veces, la fe nos llega precisamente desde fuera, como un regalo que renueva la esperanza y nos anima a seguir sembrando, aunque no siempre veamos de inmediato los frutos.
No nos olvidamos de nadie
Los diplomas conmemorativos, preparados con cariño para todos los niños convocados, se intentarán hacer llegar también a quienes no pudieron asistir. Queremos que sepan que la parroquia no se olvida de ellos, que forman parte de esta familia y que seguimos caminando juntos.
Esta bendición no fue un punto final, sino un paso más en el camino. Seguimos llamados a acompañar a las familias, a crear espacios de encuentro y a cuidar esos pequeños brotes de fe que, con tiempo y dedicación, pueden crecer y dar fruto.
Con gratitud y con esperanza, seguimos adelante.
«¿Puede una madre olvidarse de su criatura,
no conmoverse por el hijo de sus entrañas?
Pues aunque ella se olvide,
yo no te olvidaré.»
(Isaías 49, 15)
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