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Bajo la mirada de la Virgen de Lourdes: consuelo y esperanza para nuestros enfermos

En la fiesta de la Virgen de Lourdes, nuestras parroquias de Nigrán y Camos se unieron en torno a los enfermos, celebrando la Eucaristía y el sacramento de la Unción como signo de consuelo, fortaleza y esperanza cristiana.

Bajo la mirada de la Virgen de Lourdes: consuelo y esperanza para nuestros enfermos

Este miércoles 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes, la iglesia parroquial de San Félix de Nigrán se llenó de fieles para celebrar la Eucaristía en honor a la Madre que, en Lourdes, se mostró cercana a los que sufren. A la celebración acudieron fieles de ambas parroquias, Nigrán y Camos, en un hermoso signo de comunión y unidad pastoral.

Presidiendo el templo, como no podía ser de otro modo, la imagen de la Virgen de Lourdes nos recordaba que María no permanece indiferente ante el dolor humano, sino que lo abraza, lo acompaña y lo presenta ante su Hijo.

Durante la celebración, cuatro fieles de nuestra comunidad recibieron el sacramento de la Santa Unción. Fue un momento especialmente emotivo: la Iglesia, como madre, se acercaba sacramentalmente a sus hijos más frágiles para fortalecerlos con la gracia del Espíritu Santo, darles paz en el alma y renovar en ellos la esperanza.

Lejos de ser un “gesto de despedida”, la Unción es sacramento de vida, de consuelo y de confianza. Es Cristo mismo quien, a través de la Iglesia, toca la herida, sostiene la debilidad y susurra al corazón: “No temas, yo estoy contigo”.

La alegría de ver la iglesia casi llena fue también un signo visible de que la enfermedad no aísla, sino que integra más profundamente en el corazón de la comunidad. Cuando un miembro sufre, toda la Iglesia ora; cuando uno es fortalecido por la gracia, todos somos edificados.

Un sueño para nuestras parroquias de Nigrán y Camos

En esta jornada tan significativa, Don Benito, en nombre de toda la comunidad, encomendó a la Virgen un deseo concreto para nuestras parroquias: la creación de un equipo en cada parroquia de 4 o 6 personas visitadoras de enfermos.

Porque la caridad no puede quedarse dentro de los templos. La Eucaristía nos envía. Nos impulsa a llevar la cercanía de Cristo a quienes no pueden acercarse por sí mismos.

Dos voluntarias de otras parroquias compartieron su testimonio sobre la experiencia de visitar enfermos. Nos explicaron cuánto bien recibe quien es visitado… pero también cuánto transforma el corazón de quien visita. En ese intercambio silencioso de fe, oración y presencia, Cristo actúa en ambos.

No es casualidad que, en su mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2026, el Papa León XIV haya vuelto a proponernos la parábola del Buen Samaritano (cf. Lc 10,25-37) como modelo siempre actual de la caridad cristiana. El Santo Padre recuerda que el samaritano no “pasó de largo”, sino que se detuvo, miró, se conmovió y regaló su tiempo. Jesús no responde a la pregunta “¿quién es mi prójimo?”, sino que nos enseña cómo hacernos prójimo. Ser prójimo —subraya el Papa— no depende de la cercanía física, sino de la decisión de amar, de inclinarse ante el hermano herido y hacerse cargo de él.

Eso es precisamente lo que hacen tantos visitadores de enfermos: no es solo un acto de buena voluntad, sino una auténtica acción eclesial. Como recuerda también el Papa, la compasión cristiana no es un esfuerzo individual aislado, sino una misión compartida: familiares, vecinos, agentes de pastoral y voluntarios forman un “nosotros” que hace visible la misericordia de Dios en medio del sufrimiento. 

En este sentido, es también importante recordar que en los hospitales puede solicitarse el servicio religioso para acompañar a los enfermos que así lo deseen. Sacerdotes y agentes de pastoral sanitaria están disponibles para llevar la Comunión, administrar la Unción de los Enfermos o simplemente ofrecer escucha y oración. Muchos testimonian que, en momentos de fragilidad, esta presencia se convierte en un auténtico signo de esperanza cristiana, luz en medio de la incertidumbre y consuelo que sostiene el alma.

La visita al enfermo —en casa o en el hospital— se convierte así en lugar de encuentro con Cristo, el verdadero Samaritano que se acerca a nuestra humanidad herida.

Si conoces a algún enfermo que desee recibir la visita del sacerdote, la Comunión en casa o simplemente un acompañamiento cercano, puedes comunicarlo en la parroquia con total confianza. También animamos a las familias a solicitar el servicio religioso a través del personal de enfermería en los hospitales cuando la situación lo requiera. No tengamos miedo de pedir la presencia de la Iglesia: allí donde hay sufrimiento, Cristo quiere hacerse presente.